Tener más controles en la cámara de un móvil siempre suena bien, principalmente porque puedes dejar de depender del modo automático y decidir cómo quieres capturar una foto. Ahora bien, más control no garantiza una fotografía de mayor calidad, y las comparativas del iPhone 18 Pro dejan un ejemplo bastante claro de esto, puesto que, al seleccionar manualmente la velocidad de obturación, las fotos con poca luz pueden quedar bastante más ruidosas que en automático.
De hecho, las pruebas de DPReview apuntan a que este ajuste interrumpe la combinación de varios fotogramas que utiliza el teléfono para mejorar la imagen. Además, el modo noche deja de estar disponible. Eso sí, el problema será controlar únicamente la apertura, puesto que no produce el mismo efecto.
El iPhone 18 Pro pierde parte de su fotografía computacional al elegir la obturación manual
Para entenderlo, pensemos en lo que estamos ajustando. La velocidad de obturación determina cuánto tiempo se recoge luz en cada exposición, es decir, una exposición corta ayuda a congelar el movimiento, mientras que una más larga permite captar más luz, pero también puede convertir cualquier movimiento en una estela o en una imagen borrosa.
En un móvil, sin embargo, la fotografía final puede ser el resultado de varias capturas combinadas. Por eso, pulsar una vez el botón no implica necesariamente que estemos viendo una única exposición. Ese trabajo adicional permite compensar algunas de las limitaciones de un sensor pequeño.
En concreto, y según lo que parece que hace Apple, el iPhone 18 Pro parece pasar a una sola captura cuando eliges manualmente la obturación. Para comprobar la diferencia, las pruebas compararon escenas estáticas utilizando trípode y ajustes equivalentes. También desactivaron el modo noche en automático, de manera que su intervención no explicase la ventaja de este último. La diferencia se hizo especialmente evidente con poca luz, que es donde está verdaderamente el problema.
Las comparativas muestran mucho más ruido en el agua, los árboles y las sombras
Los recortes al 100% de la escena nocturna permiten verlo sin demasiadas explicaciones. La fotografía automática muestra el agua y las zonas oscuras bastante más limpias, mientras que la manual tiene un grano intenso que se extiende por los árboles, los reflejos y la barandilla.
Tampoco significa que la automática conserve perfectamente todas las texturas. Algunas zonas tienen un acabado suavizado, algo visible al ampliar. Pero en la imagen manual el ruido dificulta separar los pequeños detalles: una textura irregular puede acabar confundida con el propio grano.
Y aquí está la cuestión para el usuario: una fotografía aparentemente más procesada puede ofrecer un resultado más aprovechable. Sobre todo si quieres verla en pantalla, compartirla o recortarla sin que las sombras se conviertan en una fiesta de puntos de colores.
Este comportamiento tiene una justificación técnica: elegir una exposición concreta permite controlar cómo aparece el movimiento, mientras que combinar varias capturas mezcla distintos instantes. No basta con estas diferencias para hablar de un fallo de Apple, porque también estamos cambiando la forma de capturar la escena.
Por tanto, el control manual tiene sentido cuando buscas un efecto determinado, como dibujar una estela o congelar un sujeto. Lo que no debemos asumir es que activar controles «Pro» mejorará automáticamente nuestras fotos.
En esta escena nocturna, la diferencia salta a la vista: puedes decidir la obturación, sí, pero el resultado pierde buena parte de la limpieza que consigue el automático. Y ese es el peaje que conviene conocer antes de ponerse a tocar ajustes esperando que todos sean una mejora.
Fuente: elchapuzasinformatico.com